El sábado pasado sobre las 20,30h las calles estaban vacías, casi muertas. Cómo en cualquier película de éstas de los americanos cuando se prevé una catástrofe. Se podía andar, correr, aparcar en cualquier lugar, escuchar los pájaros sin que ningún ruído alterara aquella paz. El mundo se paró durante un tiempo. Jugaba España, la Selección Española de Fútbol.
Se está jugando el mundial ( por si alguien no lo sabía ), y el fútbol para los tiempos, máxime si juega la nuestra, España, la roja cómo se viene llamando últimamente.
Ésto se nota también en los balcones. Ondean las banderas españolas orgullosas de sentirse de un equipo de fútbol más que de un país, pero, ondean. Lo que para otros países es un orgullo tenerlo siempre ondeando, para la mayoría de nosotros es una vergüenza al "qué dirán". Éstas son las cosas del mundial, y del fútbol.
Éste mundial, además, hace que distraigamos la atención sobre lo que ocurre en el país en la debacle más dura y salvaje de la historia constitucional, aunque nunca viene mal una de sonrisas y alegrías.
La selección de Del Bosque, Villa, Xavi, Iniesta, Ikel y compañía, nos está dando un aire de ilusión, de sentimiento, de esperanza en lo más alto, en el más difícil todavía. Todo puede ser, hasta podamos ganar el mundial y, entonces, todos seremos españoles, y lucirán al viento nuestra roja y gualda, y nos vestiremos de rojo, y saldremos a la calle apoderándonos del orgullo patrio.
El próximo Miércoles, pasado mañana, volverá a pasar igual, y si a Villa le da por meter un chicharro, y a Casillas por parar, ya la tenemos formada. Sería el hito más grande de la historia del fútbol español, cómo copiando el éxito conseguido en Gerena.
Tras el mundial o la descalificación ( Dios no lo quiera ), volverán a quitarse banderas de los balcones, pues ya no representarán a ningun equipo, volveremos a la vida diaria con nuestros problemas diarios. Y volverán seguramente, las dos Españas.
